|

Simón Villalobos




Simón Villalobos Parada (Santiago de Chile, 1980):
Escritor, Licenciado en Literatura y Magíster © en Literatura. Durante los años 2002 y 2003 fue director y editor de la revista de poesía Estrago. Poemas suyos figuran en Desencanto Personal (Editorial Cuarto Propio, 2004) y en la antología Selección de Poesía 2005 (Fundación Nueva Poesía, Santiago). También ha publicado la plaquette Edad Oscura (AM Libros, 2010). Fue editor de poesía y luego director ejecutivo y editorial de la Revista Contrafuerte (años 2008 al 2010). Es organizador de Antología en Movimiento (http://antologiaenmovimiento.blogspot.com/).




EDAD OSCURA
(Tres fragmentos)


III


Se rindiese y arrodillara, volteándose
mostrara las manos quemadas por residuos
las comisuras llagadas por el muro, diera el rostro
todavía con el fusil en la sien, con un collar de sangre diera el rostro
parecida a nuestros reflejos o lo que ellos pudieran ser incompletos
parecida a una figura de pesebre con las saltaduras blancas por los sitios que ha ocupado
parecida a la grasa en las ventanas
se rindiese y volteara
como una triza desencajándose en las frentes de la multitud


Me quede viendo como salían con sus ropas en llamas
comenzaron a juntarse en medio como un gran incendio todo lo que duro el saqueo
hacían el interior que el fuego alberga
volvieron luego a sus casas con paladas de carbones ardiendo
puestas en las esquinas de los cuartos alumbraron varias noches
tiznaron las paredes como la sombra de un cuerpo tendido que hubiésemos estado
velando

una hilera de muros
con rondas de gente entremedio
como jardines bordean la calle


Una alarma suena suspendida en la luz eléctrica
mi cuerpo avisa su desorden
los rasguños que consume mientras vuelve enceguecido
no la historia pasando sobre él ni el testimonio de nada
sino esta bulla que desborda y anega
como una venda o una mordaza las amarras en pies y manos

ahora suena flotando y está vacío
como una línea en el suelo mientras la cruzo
y voy quedando atrás cada vez


Los números borrados de tus murallas, ciudad
una negativa constante, un llenado de trizas en cada ventana
un movimiento constante de separación hacia adentro
se agolpa en los monitores, la imagen de esa misma calle cubierta por la sospecha
siempre saber quién es, quién es, qué pasa


Camina la ciudad abandonada
con sus ojos y sus manos y sus ropas que son eslabones bellísimos del cuerpo
bestias resplandeciendo en una caja de cadenas
satura las calles, va tomando las casas y crece el rumor

las cortinas cerradas sin embargo
se agitan y a ratos dejan entrever, defensores
y ofendidos corren por los cuartos buscando salidas



IV

Este razonado desajuste de lo real
que intenta establecerlo mientras embiste
esta desilusión
una bolsa llena de sopa que estalla
se derrama por los cantos
por los muebles y se empoza
con el reflejo de un rostro que se asoma a beber


Entre la doble vía
el bandejón donde la gente descansa viendo pasar los autos
un manto de granos quietos al borde del pulso
en cada esquina las casetas lucen un guardia tras el mostrador, las nuevas franquicias
asolando estos salones de comensales hambreados, encaramados unos sobre otros
cubren la mesa como un lienzo hundido en el fango
fuerzan sus posturas, se mezclan e impacientan, se rechazan zafándose
y comienzan a rodar
como laderas desovan los estancos
se abren por el valle cuesta abajo


va a retroceder con el misma impulso de sus ocupaciones
el mecanismo entero juntará
todo lo que haga fuego, moneda y munición
su cuerpo a la deriva
va transar todos sus fueros
se va a quebrar como un adicto


V

El animal quebrando las cenizas en torno
como si fuese el fuego quien lo despierta
el tizne en su cara la piel formada en la quemadura
la voz que da vuelta por los claros como una aguja retrocediendo
una aguja que hundida desaparece
sobre estas brazas que desvestimos


Una ventana roja erecta entre las luces flota en el manto del cerro
una boca un aura una boca
trasega la noche y la enciende
el filo de la hoja que enfría los contornos
y los va sangrando adormecidos


Una jaula se agita en la madrugada
entre los barrotes sus alas se queman al tocarse cantando


La noche entra
            pasa áspera de par en par
rasga mis facciones, escurre por las vetas
los rincones del cuarto y mi rostro
es esta herida abierta que restriego contra ti


Este sueño que lleva tu nombre
este duelo por vencerse en la agonía y seguir siendo con el lastre de pobrezas que nos
siguen
el lastre de vanaglorias por todas estas derrotas yo me condeno, yo me sigo más allá
mientras insisten las miradas que lo seguro es ahora
hay que cazar la recompensa, las migajas de sintaxis y beneficios
las palabras puestas en la bocas como un alcohol liviano sanando la piel nueva
afinadas en el tono impotente de la renuncia, de la protesta y el descontento
las palabras hieren las orillas de la lengua
pero la dejan llena de un sabor empalagoso que nos va aquietando

 Simón Villalobos leyó en Los Desconocidos de Siempre el 27 de marzo del 2009 y el afiche de la lectura fue este:



Posteado por Angela Barraza el 18:50. etiquetado en: , , . puedes segui el rss RSS 2.0. déjanos tu comentario

Comentarios recientes

Ultimas entradas