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Jaime Pinos: Beber, hablar de otra cosa. Eso ha sido la postdictadura


La labor de la literatura en un país que despierta del largo letargo post dictadura, la hibridación de los géneros, el contexto en que nacieron sus libros y la violencia social son algunos de los temas que el poeta y editor Jaime Pinos conversó con Revista Réplica.
“Cierta literatura chilena ha sido capaz de oponer su palabra al silencio y al olvido que se ha querido imponer en estos años”, asegura el editor y cofundador de las editoriales La Calabaza del Diablo y Lanzallamas, quien nos deleita con un poema inédito.
Por Cristián Araya.
-¿Por qué escribir?

Lo que realmente me gusta es  leer. Pero tengo un par de cosas claras respecto a la escritura. Una: escribir es un ejercicio cuya utilidad es muy dudosa. En principio, escribir no sirve para nada. Dos: escribir es un oficio peligroso, un deporte extremo, un negocio de alto riesgo. Parte de su sentido radica para mí justamente en eso.  En esa inutilidad y en ese riesgo. Escribir puede ser una forma de elegancia en un país cuya vida cotidiana ha sido colonizada por el dinero, el dominio de las cosas sobre las personas y la procacidad del consumo. O una forma de valentía entre tanta domesticación y servilismo.
-Dictadura
Nací el año 70. Crecí dentro de una dictadura. Eso se lleva como una marca. El país lleva la dictadura como una marca. Una cicatriz que cruza el cuerpo social, que lo atraviesa desde la economía y la política hasta la sentimentalidad y la vida privada. Se me vienen a la cabeza estos versos de Pepe Cuevas, el poema se llamaDesgraciados paísesLos países quedan heridos/ pasan largo tiempo sin recuperar el habla/deben aplicarse electroshock/ someterse al olvido/ beber/ beber/ hablar de otra cosa. Beber, beber, hablar de otra cosa. Eso ha sido la postdictadura. Esa desgracia. Sin embargo, cierta literatura chilena ha sido capaz de oponer su palabra al silencio y al olvido que se ha querido imponer en estos años. De cualquier forma, a propósito del protagonismo actual de los movimientos sociales, me parece que este país empieza a recuperar el habla.
-Los bigotes de Mustafá (su primer libro)
A quince años de la publicación del libro, creo que hay algunos aspectos que siguen validando su escritura. La hibridación de los géneros, por ejemplo. El libro está construido con materiales de diversa procedencia: prosas, poemas, extractos de prensa, fotografías.  Me sigue interesando escribir libros raros, libros no sujetos a la convención  de lo que es o debe ser una novela o un libro de poesía.  Situada la trama en el año 88, el año del plebiscito, creo que el libro aborda un momento clave de la historia chilena reciente que ha venido recogiéndose en los últimos tiempos. Ahí están la novela de Skármeta y la película que se estrenara próximamente.  Otros aspectos son la mirada generacional y el conflicto entre la vieja comprensión de la militancia política y el surgimiento de nuevas formas que integran la ironía y lo carnavalesco.  Formas más cercanas a cierta identidad contracultural que a los ritos desgastados de la izquierda tradicional. El libro mismo, como gesto de escritura, intentaba desmarcarse de una literatura política reducida al panfleto y al martirilogio.
--La Calabaza del Diablo (revista, editorial, librería)
Fui editor y redactor de La Calabaza del Diablo desde sus inicios y por más de seis años. Desde luego, esa experiencia fue fundamental para mí como escuela vital y literaria. La revista, que llegó a los 33 números y a circular en kioskos, a nivel nacional, por algo más de un año. La editorial, que de alguna forma puede considerarse como un antecedente de la vigorosa escena actual de edición independiente. Nuestra pequeña librería, donde confluía un grupo muy heterogéneo de escritores y artistas cuyo trabajo ha sido relevante en estos años. Pero, sobre todo, rescato la poética y el compromiso que unió a ese grupo en una empresa improbable pero bella. A pesar del conformismo y la decepción dominantes, a pesar del descampado que fueron los noventa y los años siguientes, practicar el hazlo tú mismo. Construir, entre todos, un espacio para la creación colectiva y la crítica, sin compromisos, de la realidad que estábamos viviendo. Hacer literatura y arte desde una lógica de colaboración y no de competencia. Practicar el trabajo cultural como una responsabilidad pero también como un juego libre y abierto.
–Concertación
En pocas palabras: 20 años de gatopardismo. El camino más largo entre el fascismo y el fascismo.
-Criminal
Criminal es un libro sobre la vida y la muerte de Roberto Martínez Vázquez, el Tila, pero también sobre la segregación y la violencia social. Otra coordenada importante es la develación de los procedimientos del Espectáculo. Los medios han sido fundamentales para construir la atmósfera de inseguridad, el tufo del miedo como diría Norman Mailer, que ha dominado la vida de este país durante los últimos años. De hecho, en gran medida, el libro está construido a partir del montaje de las versiones de prensa que coincidían en eludir el origen de esa violencia y demonizar al criminal.  Luego del Tila, se ha venido repitiendo la misma historia. Cada tanto aparece un niño demonio que acecha la tranquilidad de los hogares y amenaza la supuesta felicidad de un país que excluye y sigue condenando a miles a elegir entre la resignación y la delincuencia. La contingencia de este tema, y de la figura del Tila como metáfora, ha sido reafirmada con la publicación reciente de una biografía y el estreno de una nueva obra de teatro.  Si la comprensión de lo real es uno sus desafíos, me parece  importante que la poesía haya llegado primero a hacerse cargo.
-Poesía-crónica-cuento-novela-crítica
Me interesa la idea de Piglia respecto a los géneros. Más que formas de escribir, los géneros son formas de leer. En cuanto a la escritura de mis libros, me interesa moverme sin prejuicios por diferentes registros. Escoger, entendiendo la literatura como una caja de herramientas, el tono o el formato más efectivo para cada proyecto, casi siempre una mezcla o un collage de recursos y repertorios. Creo que la literatura contemporánea, al menos la que a mí me interesa más, ha ido abandonando los géneros entendidos como restricción y está abierta a transitar por territorios fronterizos, a difuminar los límites.  En otro sentido, la práctica heteróclita de la literatura me ha enseñado mucho. No creo en los especialistas. Menos aún en literatura. Más bien aspiro a construir un lenguaje y una literatura capaz de funcionar en cualquier terreno.
-Lanzallamas
Lanzallamas es un proyecto de difusión creativa cuyo trabajo empezó el año 2004. Conformado por dos diseñadores (Joaquín Contreras y Nicolás Sagredo) y dos escritores (Roberto Contreras y yo) creo que la integración de la letra y el diseño ha sido una de sus principales características. Tanto los libros como los fanzines que hemos publicado han sido trabajados desde esa intención: relevar por igual el texto y la imagen, hacerlos dialogar como lenguajes equivalentes. Lanzallamas es un espacio para la expresión de quienes comprenden el trabajo creativo y cultural como una forma de crítica de la realidad. Su espíritu autónomo y autogestionario puede resumirse en uno de sus eslóganes: Hacemos los libros que siempre quisimos leer.
-Literatura política
Desde luego, creo que las circunstancias actuales, la emergencia de los nuevos movimientos sociales y su ímpetu democratizador, le imponen a la literatura chilena ciertas definiciones. Hace algún tiempo escribí un texto breve sobre este asunto. Se llama La poesía como política (http://www.letras.s5.com/jp031107.html) Hacia el final recojo unas palabras de Enrique Lihn, escritas el año 1968,  que me parecen pertinentes hoy: ¿En qué forma la poesía es capaz  de ayudar, sin dejar de ser poesía, al avance en la conciencia del pueblo? Coincido en plantearse la posibilidad de una literatura política como una pregunta, como un problema a resolver. También con la idea de que la literatura debe dar una respuesta desde su propia especificidad. Hacerse cargo de la situación sin dejar de ser poesía. Desde su contexto, Lihn sugiere una dirección de búsqueda. Dice:Impidiéndole dormitar en esquemas o en vagas generalidades, ampliándola o clarificándola en la dirección, en el ámbito de la sensibilidad. Impedirle a la conciencia social dormitar. Ampliarla en el ámbito de la sensibilidad.
Cuando este país parece empezar a salir del sueño pesado de la postdictadura, la literatura chilena debería hacer un aporte concreto a ese despertar. Contribuir a una comprensión más amplia, más profunda y más compleja de la realidad y de la experiencia que vivimos cotidianamente. Tarea nada fácil frente a la instalación, ya casi totalitaria, de la Utilidad y el Espectáculo como  formas de colonización de los cuerpos y las mentes. Sin embargo, la literatura ha sido siempre una práctica de resistencia. Esa es su fuerza. Su capacidad de imaginar otra vida. Una vida auténtica fuera de los tubos oscuros de la supervivencia donde habita casi todo el mundo. La capacidad de imaginar utopías en medio del desierto.
-Chile actual
Se me ocurre contestar con un poema muy reciente, escrito a propósito de los incendios del último verano:
El país se quema.
Los peores incendios forestales de la década.
Decenas de miles de hectáreas.
Arden bosques milenarios bajo el cielo inmenso de la Patagonia.
Arden grandes extensiones artificiales de pinos y eucaliptos en Bío Bío.
Un cerco de fuego baja desde los cerros y amenaza las ciudades de la costa central.
Los incendios son intencionales.
¿Quién quemó, quién quema este país?
El gobierno acusa a las comunidades mapuche de iniciar el fuego en Bío Bío.
Pero el fuego se inició hace mucho tiempo allí.
El fuego cruzado entre las comunidades y el capital forestal.
Las forestales arrasan los cultivos, talan las especies nativas.
Plantan en su lugar grandes extensiones artificiales de pinos y eucaliptos.
El pino radiata crece allí casi el doble que en otras partes del mundo.
Eso es mucha madera. Eso es mucho dinero.
El pino radiata exuda una resina que se inflama a los 35 grados.
El fuego consume primero las copas de los árboles.
Avanza desde arriba hacia abajo. Cae como una tormenta
sobre las extensiones artificiales de árboles idénticos como postes de teléfono.
El mudo corazón del bosque devorado por las llamas,
el estruendo de los árboles al caer
bajo la tormenta de fuego.
(Los guardias de la empresa de seguridad que trabajaban como brigadistas para las empresas forestales, provocaban la mayoría de los conflictos. En algunas oportunidades provocamos incendios forestales, bloqueábamos los caminos; llenábamos sacos con arena para luego lanzarlos a los canales cercanos a las comunidades para que el agua desbordara e inundara sus siembras. En las noches, cuando las comunidades mapuches realizaban sus ngüillatunes, brigadistas cortaban los rehues)
El país se quema.
¿Quién quemó, quién quema este país?
¿Cuándo se inició el incendio?
El fuego se inició hace mucho tiempo aquí.
Tal vez con la bandera chilena hecha una flama
durante el bombardeo a La Moneda.
Tal vez con la quema de libros en las calles
durante el estado de sitio.
Tal vez con Sebastián Acevedo como una antorcha
en la plaza de Concepción.
Tal vez con Rojas Denegri como una antorcha
frente a la patrulla militar que lo detuvo.
Tal vez con Eduardo Miño como una antorcha
frente al Palacio de Gobierno.
Los árboles y las personas se queman
hace mucho tiempo en este país.
Vivir en un país en llamas,
en un país que se quema.
Vivir a orillas de un largo y angosto río de fuego.
Vivir en el corazón del bosque,
aguantar el desplome. La tormenta.
Valparaíso. Marzo de 2012

Posteado por Angela Barraza el 17:45. etiquetado en: , , . puedes segui el rss RSS 2.0. déjanos tu comentario

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